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Por la mañana

Estándar

Café

Título: Good morning. Autor: Medina, J. (2013). Recuperado de http://deestanosalgo.wordpress.com/2013/06/03/good-morning/comment-page-1/#comment-51.

Hoy se ha levantado con las ganas de siempre, la pesadumbre en cada uno de los dedos de los pies hinchados y la falta de apetito que pronto se convierte en sensación famélica a falta de cigarros y motivos.

Cuando los días pasan desapercibidos, sin pena, ni gloria, aunque el trabajo se acumula a toneladas, es una verdadera molestia tener que abrir los ojos porque la luz solar te obliga presionando con sus incandescentes rayos los párpados pesados que aprietan los ojos para no permitir entrada alguna de la ofensiva línea abrillantada. Incluso se atreve a jalar la cobija malpuesta sobre el sofá en el que su cuerpo terminó profundamente dormido y exhausto de un día previo bastante similar.

Pesadez.

Todo parece que el día se aprovechará del mal humor y la indiferencia de las horas que muy a su pesar, transcurrirán frente a sí, solamente para recordarle que el trabajo no se hará solo.

“Café… necesito café” – menciona para sí cuando obligadamente tiene que ponerse de pie para acelerar el proceso de hastío y abnegación de vivir otro día más en la vida que le ha tocado vivir.

Se acerca a la cafetera, para darse cuenta que no la ha lavado en días y el moho parece extenderse como una tersa alfombra sobre el filtro. Huele casi a lo que pudiera oler su propia existencia.

Toma el filtro y se dirige al fregadero donde con un poco de jabón y un cepillo con las fuerzas que pudieran tener las manos de un crío o la inutilidad de los “cortos brazos de un velociraptor” (esboza una torpe sonrisa por la comparación sinsentido) no puede extenderse más de lo que la falta de ganas le permite. Así que medio enjuaga el recipiente y la jarra, que vuelve a llenar con dos tantos de café de grano y agua para después colocarlos en su lugar respectivo y encender la cafetera.

(… la espera…) Humm…

Con los ojos todavía entreabiertos le viene el olor del café recién depurado anunciando a sus sentidos que pronto sentirá cómo se reavivan los ánimos… “poderoso café…” piensa, mientras las ideas le dan al fragante líquido una serie de atributos ‘vuelve a la vida’ como si eso le trajera de vuelta el espíritu al cuerpo. “Já!” termina con una mofa burlona, negando la posibilidad de tal ocurrencia.

Toma un juego de plato y taza, porque pese a su maldito estado de ánimo, la compostura es la compostura y si ha de beberse una taza de café, lo hará guardando las formas… de cualquier modo, sigue latente la ilusión la ilusión del que el café en verdad le traiga nuevos bríos al día.

Gira para dirigirse a tomar la jarra de la cafetera aún caliente y con la premura de quien quiere servirse rápida y torpemente, tomando la taza con la otra mano, vierte de forma tal el chorro que el calor le escuece la mano que deja caer en un movimiento abrupto la dura taza contra el plato provocando la manifestación del hirviente líquido, derramándose desde el puro y blanco fondo de la taza, generando un momento irreal, absurdo, dividido que dura una eternidad, mientras que el tiempo se ha detenido un instante o menos, solamente para manifestar toda la fuerza de dos olas chocando contra sí, enfrentándose pecho a pecho para probar entre oleadas su magnificencia mientras las sobras del enfrentamiento salen disparadas fuera del recipiente como el derramamiento de sangre en una batalla.

Así se encuentra su espíritu, desparramado, desperdigado y confrontándose todos los días, por la mañana.

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